Panamá, 9 de enero de 1964 

Por Tatiana G. ENCALADA
Estudiante de Ing. Civil
U.S.M.A.

 Es triste ver lo que esta fecha se ha convertido con el paso del tiempo; en el ayer cuando jóvenes institutores se enfrentaban ante el ejercito más poderoso, hoy los jóvenes conmemoran esta fechas esperando a que pase la media noche para poder asistir al “evento de la noche”, el cual puede ser una fiesta “trance” en una discoteca, o los tan llamados “ladies nights”.  

Durante la semana pude notar el gran bombardeo de publicidad en los medios en donde se daban a conocer las actividades nocturnas que se realizarían, esto sin mencionar la ya tradicional ida a la playa.  Pero, ¿en dónde queda la contraparte de esta situación?  Porqué las instituciones que tienen la noble tarea de divulgar a la población, especialmente a las nuevas generaciones la gran importancia del 9 de enero y otras fechas, no tienen un sistema de mercadeo tan agresivo como lo tienen las discotecas y bares.  

Hagamos un pequeño recuento de los hechos en relación con los orígenes de los sucesos de enero de 1964. En esa época el gobernador de la Zona, señor Robert J. Flemming, quiso dar cumplimiento en forma indecisa a un acuerdo de 1963, donde se establecía que la bandera panameña debía ser izada junto a la de los Estados Unidos en todos los sitios donde se acostumbraba izar la de aquel país.  Los residentes de la comunidad zoneíta, en su mayoría estudiantes, se opusieron y se dieron a la tarea de remover las astas de los edificios para no izar  la bandera de los Estados Unidos y por ende la nuestra. Los grupos estudiantiles zoneítas azuzados por personas mayores, refutaron tenazmente a que se removieran las astas situadas frente a los planteles educativos de la Zona y que permaneciera allí únicamente la bandera de Estados Unidos. 

Los estudiantes del Instituto Nacional, después de la última hora de clases de la tarde, se dirigieron en forma pacífica a la Escuela de Balboa con el fin de izar nuestra insignia patria y reafirmar así la soberanía en este territorio cumpliendo así lo acordado entre Panamá y Estados Unidos.   Habiendo llegado al sitio en cuestión, fueron detenidos por un pelotón de policías zoneítas, permitiéndoseles a seis estudiantes izar la bandera panameña, cosa que no ocurrió porque fueron impedidos por colegiales de la zona y por la misma policía zoneíta que momentos antes había autorizado el acto, siendo rasgada la bandera nacional en medio de la trifulca que se armó.

Rápidamente estos sucesos se hicieron conocer, cayendo los primeros heridos y se produjo el primer muerto en la contienda, el joven estudiante de la Profesional, Ascanio Arosemena.  Panamá rompió relaciones con los Estados Unidos cuando, a solicitud del Presidente Chiari, este pedía el cese inmediato del fuego a los norteamericanos y ellos respondieron con una negativa.  Como algo natural, asegura el profesor Moisés Chong, “no faltaron los aprovechadores de siempre, especie de hienas que, en medio del fragor de la pelea, robaron, saquearon, asaltaron almacenes, etc...” tal como sucedió días después de la invasión del 20 de diciembre de 1989.

Los diarios hicieron hacer saber su posición con motivo de estos acontecimientos entre ellos  el diario “La Estrella de Panamá” pedía la denuncia del Tratado de 1903 y habló en términos duros contra los Estados Unidos. “El Panamá América” pedía la cancelación definitiva del Tratado Hay-Buneau Varilla, ensalzando el ejemplo estudiantil.  “Crítica” por su parte decía:  “Antes del 9 de enero de 1964, la concepción económica, política de lo que es y cómo opera el imperialismo, se conocía y comprendía en limitados círculos más o menos intelectuales”. El Consejo Municipal de Panamá, cuna de nuestra nación, condenó como injustificados, bárbaros y criminales actos de agresión del ejército contra el pueblo y el estudiantado panameño desarmado. El Dr. Eduardo Ritter Aislán calificaba a los EE.UU. como “el gigante que no quiere ser grande”.

Luego de 3 meses y de muchas discusiones en el seno de la O.E.A. y en aras del buen entendimiento, el gobierno panameño convino en restablecer relaciones diplomáticas con los Estados Unidos.

Toda una hazaña fue la que vivieron los jóvenes patriotas en ese entonces inmortalizándose en la historia.  Deseo ser optimista y pensar que la tan llamada “Generación X” a la que pertenezco pueda pasar a la historia, no tanto con una situación de enfrentamientos como la del 9 de enero de 1964, sino con un cambio, con un nuevo norte establecido y sobre todo con los pies bien puestos sobre la tierra para hacer una mejor patria todos los días. 

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