Los Orígenes de Roma

Por Martín A. Cagliani

La tradición y la leyenda tienen su relato sobre el origen de Roma, son muchos y variados. Los historiadores romanos se encargaron de reproducir casi todas las historias sobre el origen de Roma que se barajaban en su época, como Tito Livio, Plutarco, etc.; de las cuales se realizara un resumen a continuación.

Plutarco, en sus "Vidas Paralelas", hace un resumen de todas las historias sobre como y por quien fue fundada Roma antes de su biografía de Rómulo. Según dice, uno de los orígenes puede ser atribuido a los pelasgos (primitivos pobladores de Grecia) que con su fuerza y su divagar por el mundo se establecieron en esa zona, y de allí vendría el nombre (Roma en griego significa fuerza). Otra es que los troyanos llegaron al Tíber luego de la derrota a manos de los griegos y una de sus mujeres, que se llamaba Roma, decidió prender fuego a las naves, luego se establecieron en el monte Palatino, y dieron nombre a la ciudad en honor a esta atrevida dama. Otros dicen, según Plutarco, que el nombre viene de una hija de Italo y Leucario o de Télefo y Eneas; y otros que fue una hija de Ascanio, el hijo de Eneas. Otra historia dice que fue el tirano latino Romis que habría venido desde Lidia.

La mas aceptada, es la leyenda que tiene a Rómulo por el fundador de Roma y que a el se le debe el nombre. Plutarco cita a Díocles Peparecio y a Fabio Pictor como los mas reputados historiadores que sostienen esta historia. Bastante conocida es la historia sobre la cual Eneas llega a Italia luego de deambular por Macedonia y Sicilia, desembarcan en el Lacio, y terminan aliándose con el rey Latino. Luego fundan una ciudad que es Lavinia. De allí en más la sucesión de parientes de Eneas ocupan el cargo de rey. Su hijo, Ascanio funda Alba Longa en los montes Albanos. Uno de sus sucesores fue Procas, quien a su vez dejo el trono a su hijo mayor Numitor, el cual fue violentado y usurpado por Amulio, el hermano menor. La tradición dice que la hija de Numitor, tubo dos hijos gemelos, los cuales fueron arrojados a las costas del río Tíber por ordenes de Amulio. Pero siendo estos amamantados por una loba y alimentados por los pájaros, fueron rescatados por un tal Féstulo, que se encargo de criarlos. Habiendo crecido robustos y carismáticos, dicto el destino que Remo fuera a caer en manos de Numitor y luego los hermanos con fuerzas de su abuelo mataron al usurpador Amulio. Rómulo y Remo partieron de Alba, y decidieron fundar una ciudad propia cerca del Tíber, Rómulo quería en el monte Palatino y Remo en el Aventino. Convinieron que un agüero terminara la disputa, Remo vio seis buitres, y luego su hermano vio doce, no poniéndose de acuerdo en cual agüero era más importante, si el primero o él más numeroso, se trabaron en disputa, en la cual murió Remo; según otra historia a Remo lo mato Rómulo por saltar sobre la zanja en la cual se construiría la muralla.

Según la tradición Roma se fundo el día 11 antes de las calendas de mayo, seria el 21 de abril de 753 a. C.. Fundada Roma, ya comenzó a guerrear contra sus vecinos, esta vez por conseguir mujeres, a las que raptaron durante unos juegos en los que invitaron a todos los pueblos Vecinos. Vencieron a todos menos a los sabinos por que la lucha termino en un tratado de paz conseguido por las mujeres, que no querían perder ni a sus padres ni sus esposos. De este tratado surgiría la unión de los dos pueblos. Rómulo luego de guerrear contra varios vecinos, desapareció en medio de una tempestad. Según algunos se lo llevaron los dioses, y según dice Tito Livio algunos pensaron que los cenadores, únicos testigos de la desaparición, descontentos con el gobierno de Rómulo lo asesinaron. Así sube al trono luego de un interregno de un año Numa Pompilio hombre insigne que habitaba entre los sabinos.

Este es, en una apretada síntesis, el origen de Roma según la tradición mas aceptada por los mismos romanos.

 

Los pueblos que habitaban en la península itálica son los siguientes: los latinos ocupaban la llanura entre el río Tíber y los montes Albanos. Al norte del Tíber se encontraban los etruscos, mas arriba del Tíber, este separaba a los umbros al sur y los etruscos al norte. Al este y sureste del Lacio se encontraba la cadena Apenina que seria el dominio de pastores nómadas emparentados entre S, los sabinos, samnitas, marsos, volscos, cámpanos en Nápoles, ausones y oscos. Todavía mas al sur los lucanos y bruttios.

El origen de los pueblos que a su vez originaron a Roma, se puede rastrear mediante la lingüística. La cual divide a las lenguas indoeuropeas y las de otro origen.

Entre las primeras se encuentra el latín, el veneto, etc. Se comprobó que las lenguas europeas y asiáticas tenían un cierto parentesco, y sé tubo la convicción durante mucho tiempo, de que el parentesco delataba un origen étnico común, la existencia de un pueblo indoeuropeo y de una cuna común de su civilización. Se creía que la unidad original de este pueblo experimento una dislocación y que los grupos integrantes se fueron separando del conjunto, llevando en su emigración el dialecto hablado en su patria. Pero ya esta teoría esta desechada. Las divergencias e interferencias que se descubren en Italia parecen haberse dado siempre, por muy remota que sea la génesis de los pueblos portadores del indoeuropeo; es decir, a través de una lenta elaboración étnica y cultural, durante la edad neolítica (4800-1800). Al parecer según P. Bosch, los movimientos convergieron a partir, al menos, de dos centros: la región del río Danubio en el centro de Europa y la región del norte de Asia menor y parte del Cáucaso. Aproximadamente por entonces, según los lingüistas y los arqueólogos, el latín (introducido también por pueblos provenientes de la región danubiana) haría su aparición en Italia. Cada vez es mayor la resistencia frente a la hipótesis de una Italia pre y protohistórica que acogería en su territorio a masivos grupos étnicos con su original unidad, mantenida a lo largo de la emigración. Más bien se insiste sobre las condiciones de infiltración, dispersión y cruzamiento en que se realizaría la intervención de elementos extranjeros.

La cultura lacial o Civilización del Lacio, con la cual se relacionan los primeros asentamientos romanos, se vio influida por otras culturas arqueológicas, como la Villanovana y la Fossakultur, y en menor grado por la civilización apenínica. Estas culturas serán desarrolladas a continuación.

La civilización apenínica, así nombrada por U. Rellini y S. M. Puglisi, ocupa un espacio y un tiempo no muy limitados: se extendió a lo largo de toda la espina dorsal de Italia durante los siglos XIV-XIII a. C. y debió sus rasgos peculiares a las tierras altas del Apenino. Era una civilización de pastores seminómadas. En la zona del Lacio (región de Civitavecchia, centro megalítico de Pian Sultano) fueron encontrados vestigios de esta civilización. Estos apeninicos cuya cerámica se ha encontrado en el emplazamiento de la futura Roma, tal vez sean los antepasados lejanos de las tribus sabélicas, sabinos y samnitas.

La civilización villanovana recibe este nombre de una aldea cercana a Bolonia, donde se observaron restos por primera vez. Su ubicación en el tiempo se divide en cinco fases que van desde 950 hasta 525 (conquista del país por los etruscos). Ocupo toda la mitad norte de Italia al sur del Po hasta Rimini y el Adriático, y hasta las fronteras del lacio y el Tirreno, al sur.

Sobre el Tirreno, especialmente en la Campania (Cumas, Capua, Suessula), el valle del Sarno y Calabria (Torre Galli), imperaba la llamada civilización Fossakultur o cultura de las tumbas de fosa, a causa de sus fosas rectangulares, en el fondo de las cuales se tendía el esqueleto.

La tradición presenta a Roma como una ciudad latina, entre otras, e incluso como una colonia de Alba Longa. En efecto la arqueología encontró numerosas aldeas en estas colinas cuyas tumbas revelan innegable parentesco con las de Roma. Pero los hechos desmienten la anterioridad de las aldeas albanas, postulada por la tradición, respecto de Roma: los hallazgos más antiguos del Foro y del Palatino son contemporáneos de las primeras manifestaciones de la civilización del Lacio.

Cronológicamente la civilización del Lacio evoluciona a través de cuatro períodos, que a veces se subdividen; hay unanimidad en colocar su final hacia 600 o 575, que señala el comienzo de la monarquía etrusca en Roma, pero se discuten las fechas de duración de cada periodo. Los partidarios de la cronología larga sitúan el primero en el siglo X (período II, 850; período III, 750; período IV 675); los defensores de la cronología corta arrancan del 800 (periodo II, 775-750; período III, 700-675; período IV, 650-625).

La civilización del Lacio no surgió en un desierto; la forma y decoración de su cerámica entraña una supervivencia apenínica, y se han encontrado en Roma huellas de un hábitat de la edad del bronce. El comienzo de la del bronce se caracteriza por un súbito y vigoroso ascenso demográfico, atribuible a la llegada de gentes foráneas. La civilización del lacio, formada sobre un fondo apenínico, absorbió sucesiva y contemporáneamente, los elementos villanovanos de la cultura Allumiere della Tolfa y de la Fossakultur, que dominaron en el grupo albano y en la Campiña. Con esto esta demostrado que en Roma existió un núcleo de población que vigilaba el vadeo del Tíber, ininterrumpidamente desde la edad del bronce hasta los siglos IX y VIII.

Los pueblos de la civilización del Lacio se establecieron simultáneamente en Roma y en los montes Albanos. Y formarían una comunidad tribal. Los latinos ocuparon todas las colinas que se elevan sobre una Campiña muy llana, en el Tíber.

Para el origen de la ciudad de Roma se distinguen dos corrientes una que marca el 580 a. C. como un estadio avanzado de desarrollo político en Roma, y la otra dice que apenas se había constituido como "ciudad". Los primeros aceptan los datos de la tradición romana, según la cual la fundación de Roma fue a mediados del siglo VIII (753 a. C.) ligada a la leyenda de Romulo y Remo, relatada mas arriba, y a la pretendida antigüedad de algunas instituciones típicamente romanas como la gens o el senado. Los segundos, en cambio, fieles a los resultados arqueológicos, sostienen que el nacimiento urbano de Romano puede ser anterior a finales del siglo VII a. C. e incluso a 575 a. C., fecha de la segunda desecación y pavimentación del Foro que permitió la construcción de la ciudad. En tal caso habría que admitir la existencia de una comunidad política romana en una fase preurbana, lo que plantea serios problemas de interpretación histórica tanto a los partidarios del agrupamiento de aldeas en torno al Palatino (tesis sinecista) como a los defensores de la tesis unitaria. Las tesis radicales hacia ambos lados se han abandonado a favor de posiciones moderadas, bien tratando de compaginar los datos de la tradición con la arqueología, bien sopesando la fiabilidad de la tradición historiográfica a la luz de su propio proceso de elaboración. A pesar de ello, la investigación sobre los primeros tiempos de Roma sigue fundamentalmente sobre base arqueológica aunque sin renunciar a los datos más fiables de la tradición, se correspondan o no con la cronología aportada por la arqueología.

Roma en su fase protourbana está formada por un grupo de comunidades independientes unidas ocasionalmente por lazos religiosos en la llamada liga del Septimonium, que agrupaba a los habitantes del Septimonium, que agrupaba a los habitantes de los 8 montes, y no siete colinas como se creía antes, en torno al culto anual celebrado mas probablemente en el Palatino. Los defensores de la tesis sinecista y de la monocentrista encuentran aquí ambos argumentos para defender sus respectivas teorías. Para los primeros el Septimonium es el precedente de la posterior agrupación de aldeas que daría origen a la nueva ciudad; para los segundos, el razonable protagonismo del Palatino en la Liga temprana es la prueba de que Roma se configuró exclusivamente a partir de este núcleo originario (sitio de la fundación de Romulo).

Los artífices etruscos llevaron a cabo las obras de desecación y pavimentación previas al acentamiento en el área del Foro, en torno a la cual se configuró el núcleo urbano. Si estos se realizaron en torno al 600 a. C., momento en que, según la tradición, Roma era regida por el etrusco Tarquinio Prisco, el proceso de urbanización debió ser muy rápido, puesto que por la misma fecha la arqueología data ya la construcción de la Regia, el templo de Venus y el levantamiento de la Curia Hostilia. Desde este momento el área urbana queda plenamente configurada. El área del Foro constituye un foco de atracción para los núcleos poblacionales circundantes que poco a poco abandonan las colinas y se suman a la población de la llanura. En un primer momento los territorios habitado circundantes más próximos quedaron absorbidos dentro del área urbana; otros, más alejados, serían dominados o integrados después de constituir el ager romanus antiquus o territorio controlado por el populus.


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