¿Se originó el Hombre en América?

Por Martín A. Cagliani

El problema del origen de los indígenas de América se remonta al descubrimiento del Nuevo Mundo. Desde esta época lejana se han propuesto infinidad de soluciones para explicar la presencia del hombre en las tierras vastísimas que Colón y sus sucesores abrieron para la expansión europea. La mayoría de dichas soluciones no parecerán graciosas en esta época, pero eran proposiciones muy serias para la suya.

En los primeros años del siglo XVI se empezó a afirmar la idea de que las tierras a las que había arribado Colón no pertenecían al Asia sino que eran un nuevo continente del que no se tenia noticias. El principal problema para el pensamiento europeo de esa época, era que en los libros sagrados no se mencionaba ese continente ni a sus pobladores, que aparentemente eran humanos. Al principio se dijo que no eran hombres, sino que solo lo parecían. Pero esta aberrante afirmación fue echada por tierra con la bula papal del 9 de junio de 1537, en la cual se consideraba a los indios americanos como verdaderos hombres, racionales y dotados de alma. Este postulado mas que aclarar la cosa la embarro, ya que en la Biblia no se los mencionaba, por lo tanto eso indicaba que tenían que haber sido creados aparte. Se barajaron muchas teorías, todas relacionadas con el tema religioso, que era la autoridad en esa época. Algunos, como Arias Montano en el siglo XVI, plantearon que eran descendientes de unos nietos de Noé. ¿Se acuerdan? El del diluvio. Otros los imaginaron descendientes de las diez tribus perdidas de Israel. Esto ultimo se basaba en que el año 721 a.C. las diez tribus norteñas de Israel fueron conquistadas por asiria y desaparecieron de la historia. Y muchos sabios del siglo XVI trataron de demostrar que se habían refugiado en América. Esta tesis se defendió hasta el siglo XIX en el cual la defendió Lord Kingsborough. También les achacaron los orígenes a los fenicios, a navegantes extraviados de una expedición de Alejandro magno, a romanos, a los cartagineses y hasta a los mongoles que cuando quisieron invadir Japón en 1380, su flota fue dispersada por una tormenta y supuestamente la habría enviado a América donde los náufragos fundaron una dinastía en el Perú.

Ya en el siglo pasado el rigor científico comenzó a liderar las teorías. Ya Alexander von Humboldt, en 1810, decía que las poblaciones americanas eran de origen asiático y que habrían venido por el estrecho de Bering.

Pero la teoría más interesante sin duda, es la del argentino Florentino Ameghino que esbozó en el libro "La antigüedad del hombre en el Plata", y postulaba que el hombre era originario de América, y nada menos que de las pampas argentinas. Veamos esta teoría con detenimiento.

Para su época los descubrimientos hechos o inspirados por el paleontólogo argentino Florentino Ameghino fueron sensacionales y revolucionarios. Si bien se los rechaza actualmente por los sabios, tuvieron tanta resonancia, que merecen ser expuestos.

Lo característico de los trabajos de Ameghino relativos al hombre y los antropomorfos (antepasados con forma humana) es que la hipótesis ha precedido en mucho a los hechos sobre los cuales lógicamente hubiera debido apoyarse.

Según él, América habría sido el centro de evolución de todos los mamíferos; y ciertos antecesores del hombre que, en las planicies desprovistas de vegetación arborescente de la Argentina, "se vieron obligados a levantarse sobre sus miembros posteriores para explorar el horizonte", habrían dado nacimiento al verdadero precursor del hombre, es decir, al primer ser adaptado a la posición erecta, que el llama Tetraprothomo; y de este habrían nacido por evolución progresiva el Triprothomo, el Diprothomo y finalmente el Prothomo, antecesor inmediato del hombre actual. Estos antecesores del hombre fueron descubiertos por Ameghino mas tarde.

El Tetraprothomo argentinus está representado por un fémur y una vértebra cervical, hallados en Monte Hermoso; el Diprothomo platensis, por un casquete craneano descubierto en el puerto de Buenos Aires; el Prothomo pampeus, por una serie de cráneos y osamentas provenientes de diferentes lugares de Argentina. Según Ameghino, el primero debió pertenecer a las capas geológicas más antiguas del Mioseno superior (serian mas de 20 millones de años), el segundo en el Plioseno (5 millones de años) y el tercero en la misma formación geológica solo que en la parte media. Los tres serian de la era terciaria, y por lo tanto anteriores a los vestigios de esa época que había en el Viejo Continente. Resultaría de esto que América seria la cuna de la humanidad, de cuyo centro partieron las emigraciones que poblaron la tierra de mamíferos y de hombre.

La edad que Ameghino atribuye a sus múltiples hallazgos está muy lejos de lo real. Él es y fue el único que sostenía la antigüedad de las capas geológicas en que se encontraron dichos hallazgos. Los hallazgos por si mismos no valen mucho. Seguiremos al famoso Paul Rivet, que escribió "El origen del hombre americano". Un fémur y una vértebra bastaron para que Ameghino creara al Tetraprothomo. Ambas piezas proceden de un mismo yacimiento. La vértebra es humana pero corresponde a una mujer piamontesa, según estudios posteriores, y el fémur no puede ser de esa mujer ya que es mucho más corto de lo que debería ser y por sus particularidades no se lo considera humano; perteneció a un carnívoro, probablemente a un félido. El casquete craneano que condujo al Diprothomo, sumamente incompleto, Ameghino habría hecho mal la reconstrucción. Mochi, Schwalbe y Von Luschan demostraron que el casquete craneano había sido proyectado erróneamente. Según el sabio argentino los cráneos que representaban al Prothomo tenían rasgo primitivos, pero los antropólogos experimentados R. Lehmann-Nitsche, A. Mochi y A. Hrdlicka no tuvieron dificultad en descubrir que estos caracteres provienen de errores de técnica y de una deformación artificial que se practicaban los indios, y los huesos son de edad reciente.

La interpretación de Ameghino se basaba en premisas e interpretaciones erróneas de los materiales observados; no olvidemos que se trataba de un científico formado por su propio esfuerzo. Sus convicciones lo desacreditaron en el ambiente científico, pero ocultan su gran actuación en la paleontología argentina.


Volver a la Pagina Principal