Los incas o los hijos del Sol

En 1463, Topa Inca, hijo de Pachacuti, hizo capitular al reino Chimú al destruir los canales y acueductos que representaban la mayor fuente de riqueza en un reino dependiente de la agricultura. Culminaba así el proceso de expansión hacia el Norte iniciado por su padre. Pero Pachacuti, "el reformador", no sería solamente un monarca expansionista. Procedentes de una modesta población de las tierras altas cuyo centro estaba en los alrededores del Cuzco, los incas se jactaban de ser difusores de cultura en todos sus aspectos. Uno de ellos era la agricultura, que durante su reinado se intensificó mediante la construcción de nuevos andenes hacia las laderas más empinadas. Éstos podían tener de 15 a 60 metros de ancho y hasta 1500 de largo. La mayoría estaban irrigados. «Se considera generalmente a los andenes de cultivo, junto con los caminos empedrados y los canales, como las mayores conquistas de la civilización andina", dice un conocido especialista. Sin embargo, agrega, las mayores innovaciones de los incas estuvieron en la organización social, política y económica que dieron a su extensísimo imperio. El mundo andino, con excepción de unas pocas ciudades, estaba constituido por casas dispersas entre los campos y andenes de cultivo, mientras las aldeas eran construidas en lugares no cultivables como salientes rocosas, para aprovechar la escasa tierra disponible. Un grupo de familias emparentadas formaba un ayllu, y varios ayllus, una aldea o pueblo gobernados por un curaca (jefe o cacique). Eran comunes las querellas locales por distribución del agua y esto fue impedido por el gobierno incaico. Los límites entre aldea y aldea fueron marcados con mojones. Tradicionalmente, los trabajos que requerían mucho esfuerzo se realizaban en forma comunitaria con los integrantes de varios ayllus: "todos se ayudaban a barbechar; sembrar y cosechar". En esto consistía la llamada "reciprocidad". Si el trabajo exigía la participación de varios ayllus, los grupos se unían y rotaban por turno. De esta costumbre surgió, seguramente, la institución de la mita (que significa turno), por la cual los hombres se turnaban para cultivar las tierras del curaca o las del Estado. Este mismo sistema se utilizó para la construcción de canales, caminos, fortalezas o edificios de las ciudades, fabricación y arreglo de los puentes colgantes tendidos en el vacío, trabajo en las minas y otras tareas necesarias al Estado y la sociedad. Todas estas obras causarían la admiración de los españoles.

Así lo atestigua Hernando Pizarro cuando escribe en su relación: "El camino de la sierra es cosa digna de ver, porque en verdad, en tierra tan fragosa, en la cristiandad no se han visto tan hermosos caminos, la mayor parte de calzada. Todos los arroyos tienen puentes de piedra o de madera. En un río grande, que pasamos dos veces, hallamos puentes de red, que es cosa maravillosa de ver. Pasamos por ellos los caballos". También Hernando de Soto queda admirado al ver "el camino real que llaman de Guaynacapa (Huayna-Cápac), que atraviesa la sierra, de lo que se espantó contemplando el modo como estaba hecho".

Los incas fueron grandes arquitectos y urbanistas, como lo prueban sus ciudades: Cuzco, Ollantaytambo, Pisac, Machu Picchu, la imponente fortaleza de Sacsahuamán o el gran templo del Sol de Pachacamac.

Los efectivos para el ejército se reclutaban principalmente entre los pueblos conquistados, pero todo súbdito apto tenía que cumplir con el servicio militar obligatorio. La oficialidad permanente la componía la familia del Inca, que era el jefe de los ejércitos y como tal recibía una esmerada educación física. El todopoderoso Inca, hijo del Sol, se rodeaba de una pompa y un misterio que servían para acrecentar su poder. Miles de personas estaban a su exclusivo servicio y 50 mujeres atendían todas sus necesidades, llegando al aberrante extremo de hacer desaparecer sus cabellos caídos o sus escupidas... ¡comiéndoselos! para que no cayeran en manos de algún posible enemigo que podría utilizarlos con fines mágicos.

La comunidad siempre estaba ocupada en trabajos comunitarios o estatales, cuando no en el cultivo de sus propias tierras y el tejido de su ropa. Las mujeres cumplían una mita fundamental: la hechura de tejidos con la lana entregada por el Estado (además de la propia que tejían para su familia). También se ocupaban de esta importantísima industria andina los viejos, niños y hombres tullidos o jorobados'. En resumen, el súbdito debía prestaciones de trabajo durante toda su vida. Las mujeres acompañaban a los maridos cuando debían cumplir la mita de cultivar las tierras del Estado o trabajar en las minas. También los acompañaban en la guerra "llevando a cuestas la comida de sus maridos, las ollas y aun algunas, la chicha" (bebida fermentada hecha con maíz).

Entre las clases altas (los llamados "orejones" por los españoles debido al alargamiento voluntario de los lóbulos de las orejas), se usaba más la diversión que el trabajo, si hemos de creer a los primeros cronistas como Pedro Pizarro, que cuenta: "En el Cuzco eran muchos los tambores que de noche se oían por todas partes, bailando, cantando y bebiendo [..] cotidianamente esto se usaba entre los señores y señoras orejones. Los demás indios naturales estaban todo el año ocupados en trabajos para el señor. Decían estos señores que los hacían trabajar siempre porque así convenía, porque eran haraganes, bellacos y holgazanes".

Un caso aparte eran las jóvenes que vivían alejadas de todos en una especie de convento, bajo el cuidado de una mujer mayor; la mamacona dedicadas a hilar y tejer las vestiduras del Inca de los sacerdotes y las que servían para vestir u ofrendar a los ídolos. Se las elegía entre las niñas más hermosas de ocho a diez años y vivían allí hasta los catorce, edad en que algunas eran dadas en matrimonio a los principales guerreros y dignatarios, mientras otras quedaban como vírgenes consagradas al Sol.

El cronista Santa Cruz Pachacuti, que escribe en 1613, cuenta que las mamaconas se dividían en varias categorías según sus orígenes, su belleza y sus aptitudes. Las Yurac Aclla, de sangre inca, estaban consagradas al culto y consideradas esposas del Sol, Las Huayrur Acíla eran las más hermosas y entre ellas el inca elegía sus esposas secundarias. El destino de las Paco Aclla era convertirse en mujeres de los curacas (jefes) a quienes el inca quería agradar; mientras que las Yanac Aclla, que no se destacaban ni por su rango ni por su belleza, servían de sirvientas a las demás. Estaban también las Taqui Aclla que, por sus aptitudes musicales, cantaban acompañadas de tambores y pincullos (flautas). Según afirma Pedro Pizarro en su crónica de 1571, sólo las de primera categoría permanecían vírgenes para ser consagradas al Sol y seguían tejiendo e hilando en reclusión perpetua. Si alguna de ellas, burlando la vigilancia, llegaba a tener relaciones con un hombre, era sacrificada junto con su amante. Las demás podían salir y entrar durante el día.

En el momento de su mayor expansión el Tahuantisuyu, que tenía como centro al Cuzco, "ombligo del mundo", estaba dividido en cuatro partes: el Collasuyu, al Sur; era la más extensa. Abarcaba la zona del lago Titicaca -de donde provenían los collas-, casi toda la actual Bolivia, el norte y centro de Chile, hasta el río Maule, y el noroeste de la Argentina. El Cuntisuyu, segunda parte del imperio, abarcaba las regiones situadas al oeste y sudoeste del Cuzco. El Chinchasuyu, nombre derivado de los pueblos chinchas que habitaban parte de la región, ocupaba el territorio de Ecuador y el sur de Colombia. La última parte, el Antisuyu, se extendía hacia el Este, donde estaban las laderas orientales de la cordillera y el comienzo de las selvas amazónicas, baluarte de los chiriguanos de origen guaraní.. "Allí todo es misterio" , dice un historiador, indicando con esto la falta de estudios sobre ese territorio muy poco conocido y que puede deparar grandes descubrimientos.

Para dominar este verdadero imperio de casi un millón de kilómetros cuadrados, con una población calculada entre 8 y 14 millones de personas, el imperio contaba con el servicio de tambos, hospedajes para los ejércitos instalados en los lugares más apartados, atendidos generalmente por hombres mayores, y con los chasques, mensajeros que corrían por los caminos llevando alimentos de otras regiones para la mesa del inca, o mensajes cifrados en los quipus. Consistían estos en una serie de cordones con cuentas de colores utilizados para llevar la contabilidad de los excedentes almacenados, los tributos, el número de soldados, etcétera Servían también como ayuda memoria para sacerdotes y funcionarios.

Pachacuti, "el reformador", impuso el quechua como lengua oficial y el culto al Sol, Inti, como religión del Estado, aunque se mantuvo la creencia en Viracocha, el Dios Creador y héroe cultural, así como la veneración por Illupa -dios del trueno y el rayo, que provocaba las lluvias- y, en menor grado, por la Luna y la Estrella de la Mañana.

Cultos muy antiguos como el de la Pachamama, la madre tierra a la que se sigue ofrendando el primer trago de chicha, y veneración por las huacas y por las apachetas, han llegado hasta nuestros días entre los pobladores del antiguo imperio.

Extractado del libro "Las mil y una historias de América", de Lucía Gálvez, editorial Norma. 1999.


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