La Ciudad encantada de la Patagonia

 

Por Martín A. Cagliani

La leyenda de la Ciudad de los Césares o Encantada de la Patagonia, fue el último gran mito de la conquista americana. Tuvo una vida muy larga que supervivió a la conquista misma. Comenzó en 1529 y duro hasta fines de XVIII.

La también llamada Ciudad errante, Elelín o su más conocido nombre de los Césares, es una ciudad de plana cuadrada, como Buenos Aires; de piedra labrada y edificios techados con tejas. Sus templos eran de oro macizo. El pavimento también es de oro macizo. En algunas versiones está en un claro del bosque; en otras, en una península; otras dicen que esta en el medio de un lago, con un puente levadizo para la única puerta que le da acceso. Abunda en ella el oro y la plata, de la cual están forradas las paredes, con estos metales también se hacen asientos, cuchillos y rejas de arado. Tienen campanas y artillería, las cuales se escuchan de lejos. Algunos dicen que al lado de ella hay dos cerros, uno de diamante y el otro de oro.

Sus habitantes son altos, rubios y con barba larga. Hablan una lengua extraña, aunque en algunas versiones es el español. Se dedican al ocio, y no tienen enfermedades. O son inmortales o solo mueren de viejos. Algunos dicen que son exactamente los mismos que fundaron la ciudad, ya que no nace ni muere nadie en la Ciudad Encantada. Tienen indios a su servicio, y algunos custodian el camino que lleva a ella. Algunas versiones dicen que son dos o tres ciudades (sus nombres son Hoyo, Muelle y Los Sauces). Tienen vigías para detectar la proximidad de intrusos e impedirles el acceso. Hay versiones que dicen que es invisible para los que no son habitantes de ella, a veces uno la puede ver si es justo o al atardecer o el viernes santo. Se la puede atravesar sin siquiera darse cuanta. Algunos dicen que es errante, o sea, que para encontrarla hay que limitarse a esperarla en un sitio.

En 1764 el ingles James Burgh publicó una ficción sobre la Ciudad de los Césares, en la que la describía como una utopía.

La Patagonia es un escenario helado, desconocido. El clima es muy frío, con pocas lluvias. Los vientos son constantes, del oeste a una velocidad de 80 km. por hora. Se forman tormentas de arena. El agua escasea y el combustible también, así como la caza, que eran los guanacos únicamente. Un lugar inhóspito para la búsqueda de una ciudad de ensueño.

Pero ¿De donde proviene este mito? ¿Quiénes lo persiguieron sin encontrarlo?

En la conquista de América se gestaron muchas leyendas, todas salidas de la mente imaginativa y ávida de fortuna de los conquistadores, bastaban unas palabras o gestos de los indios para que se creara una leyenda. Las hubo por doquier, la fuente de la juventud en Florida, Las Siete ciudades de Cíbola al norte de México, El Dorado, buscado desde el Caribe hasta el Amazonas, la famosa Sierra de la Plata y el Rey Blanco den la zona del Río de la Plata y por fin la más longeva de ellas la Ciudad de los Césares de la Patagonia. Estas ultimas eran un reflejo del esplendor de los Incas de Perú comentado por los indios a los conquistadores, los cuales solo querían escuchar donde estaba el oro y la plata. La Ciudad de los Césares también tiene como origen las historias de náufragos abandonados y conquistadores perdidos a lo largo de la Patagonia.

La Ciudad Encantada de los Césares surge a partir de varios hechos que ocurrieron a lo largo de la conquista de nuestro territorio, pero de uno en especial, que ocurrió durante el viaje de Caboto. En el año 1527 Caboto funda un fuerte llamado Sancti Spiritus en la confluencia de los ríos Carcaraña y Paraná, es el primer asentamiento de Argentina. Mientras él preparaba una expedición río arriba, en 1528, manda una partida a explorar el interior del territorio. Parten en noviembre 14 hombres liderados por el capitán Francisco César. Un hombre audaz este César, se interno hacia el oeste. Antes dividió su pequeña columna en tres partes: una que fue hacia el sur, a la tierra de los querandíes, de la cual nunca mas se supo; otra se internó en las tierras de los carcarañás, de la cual tampoco se supo nada mas, y por ultimo la tercera, al mando de César, siguió el curso del río Carcarañá, hacia el Noroeste. Esta tercera columna fue la única que volvió al fuerte, siete hombres que anduvieron 250 o 300 leguas (1400 o 1700 km.), durante tres meses.

Volvieron contando maravillas. Según ellos, y lo corroboraron no solo el capitán, sino sus soldados, en las declaraciones que hicieron posteriormente en Sevilla, cuando procesaron a Caboto, son sus palabras, "habían visto grandes riquezas de oro e plata e piedras preciosas".

A esta incursión de Francisco César algunos autores la hacen llegar hasta el Nahuel Huapí y otros hasta el Perú, donde se habrían entrevistado con el Inca.

Seguramente los pobres habrían bagado erráticamente rendidos por el hambre y la fatiga, hasta toparse con la cordillera, en la cual los indígenas les habrán contado de la riqueza de los Incas. Esas riquezas las atribuirían a la ciudad maravillosa, la ciudad encantada, que pasaría a llamarse la Ciudad de los Césares, en honor a Francisco César y a sus valientes que la habrían descubierto. Esta aventura constituyó el núcleo original del mito de la ciudad encantada que fue ubicada desde las pampas y la cordillera, hasta la costa atlántica y la Patagonia austral.

A esto se agregaron los náufragos que habían quedado en la Patagonia de las fallidas expediciones de Alcazaba, el Obispo de Plasencia y las ciudades que fundo Sarmiento de Gamboa mas tarde abandonadas. Alcazaba intento poblar la Patagonia en 1534 dejando su vida y algunos náufragos en la zona. La expedición del Obispo de Plasencia que intento cruzar el Estrecho de Magallanes dejó 150 hombres refugiados en tierra, de los que nunca se supo mas nada. Lo mismo le ocurrió a los pobres pobladores de las dos ciudades que fundó Sarmiento de Gamboa en el Estrecho. En 1584 funda las ciudades luego teniendo que abandonarlas a su suerte. Habían soldados y 58 colonos, 13 mujeres, 10 niños y 26 obreros. Nadie se acordó de ellos en España, años mas tarde, en 1587, el pirata inglés Tomas Cavendish encontró a dieciocho de ellos, sobrevivientes de una de las ciudades en la cual se habían juntado todos. Le impresiono tanto el aspecto de esa pobre gente que la bautizo Puerto Hambre. Esto no le impidió robarse la artillería y llevarse a uno de los habitantes como guía.

Según la imaginación estos pobres náufragos que seguramente murieron de hambre o a manos de los indios, formaron parte de la Ciudad de los Césares, algunos dicen que fueron ellos los que la fundaron. También formaron parte de ella los incas huidos de Cuzco después de la prisión, a manos de Pizarro, de Atahualpa. Otros fueron los pobres habitantes de la ciudad chilena de Osorno que tuvieron que huir hacia el sur, en 1599, perseguidos por los araucanos, nunca mas se supo de ellos, hasta 1790 no se vuelve a hablar de Osorno.

Conquistados por todas estas historias partieron muchas expediciones en su busca. Las mas importantes y serias fueron las de Hernando Arias de Saavedra (Hernandarias), que sale de Buenos Aires en 1604, y la de Gerónimo Luis de Cabrera que la busca desde Córdoba en 1622. Ambos buscan la ciudad a través de las pampas. El padre Mascardi y el padre Menéndez salen desde Chile y la buscan cruzando la cordillera de los Andes. Marcardi realiza dos viajes en 1670, otro en 1672 y el ultimo en 1673, durante el cual pierde la vida. Menédez realiza varios viajes, entre 1783 y 1794, en busca de la mítica Ciudad de los Césares, fue el ultimo viajero que la busco.

El vulgo de los últimos tiempos del periodo colonial siguió creyendo en el mito, y los indios siguieron contando leyendas de ciudades encantadas en el fondo de los lagos, en lo alto de montañas, etc.

Gracias a este mito se recorrió y conquisto gran parte de nuestro territorio.


Volver a la Pagina Principal