Gobierno ingles sobre Buenos Aires en 1806

Por Martín A. Cagliani

Los ingleses no podían estar mas equivocados, cuando pensaron que la conquista de Buenos Aires iba a ser fácil y segura. El comodoro Home Riggs Popham, estaba convencido de que la llegada de las fuerzas inglesas seria celebrada por los habitantes, oprimidos por el poder español, de Buenos Aires y los partidarios del libre comercio. La realidad no fue tan fácil para los invasores.

El 14 de abril de 1806 zarpa de la ciudad del El Cabo la expedición al mando del comodoro Popham, transportando un ejército dirigido por el general William Carr Beresford, que seria nombrado vicegobernador, para excluir la posibilidad de que Popham quisiera independizar al Plata.

El 25 de junio las naves inglesas están frente a Buenos Aires, y entre las once y las doce comenzaron a desembarcar sus efectivos, en las playas de Quilmes, con toda tranquilidad y sin la menor oposición. Esto ocurría a la vista de todos los testigos que miraban desde la Fortaleza, la Alameda y desde algunos techos. Un oficial ingles escribiría años mas tarde "Nuestro ejercito efectivo, destinado a conquistar una ciudad de más de 40.000 habitantes, con un inmenso cuerpo para disputarnos la entrada en ella, se componía solamente de setenta oficiales de toda graduación, setenta y dos sargentos, veinte tambores y 1466 soldados; haciendo un total general de 1635." Mientras las chalupas iban y venían desembarcando ingleses, las embarcaciones de guerra porteñas permanecieron ancladas sin recibir orden alguna.

Home Riggs Popham

La ciudad cae en dos días sin mucha pelea. El pueblo le echa la culpa a la ineficacia y cobardía del virrey marques de Sobremonte, que se mantuvo inactivo y ordeno a las fuerzas y voluntarios porteños que hicieran lo mismo, hasta que, en fuga, el virrey ordena al brigadier José Ignacio de la Quintana iniciar las tratativas de capitulación. A la tres de la tarde del 27 de junio de 1806, bajo lluvia y frío, desfilaron los soldados ingleses por las calles de la capital virreinal, estirando la fila para parecer más. "Los balcones de las casas estaban alineados con el bello sexo, que daba la bienvenida con sonrisas y no parecía de ninguna manera disgustado con el cambio", comenta nuestro cronista ingles.

El gobernador de Buenos Aires, Beresford, consciente de la necesidad de no irritar a la ciudad evita cuidadosamente toda medida despótica y durante ese mes y medio de dominación inglesa despliega un tacto singular: ratifica las leyes españolas, confirma a todos los funcionarios públicos, garantiza la protección de todas las personas y de sus bienes y de la Iglesia Católica. Castiga también, severamente a los soldados ingleses que cometen delitos o abusos.

El 28 la ciudad estaba como muerta, no se abrió ninguna tienda ni pulpería y el mercado de la plaza estaba desierto. Los ingleses comenzaron a hacer guardia en las esquinas de la Plaza, en los portales de la Recova y del Cabildo, y en las calles, abatidas por la sudestada y el frío. Causa escándalo e indignación entre los habitantes de Buenos Aires la actitud de algunos criollos para con los ingleses, ya que muchos se acercaron al invasor ofreciendo su colaboración. En los días siguientes comenzarían a deambular por las calles de la ciudad patrullas y rondas realizadas por los alcaldes de barrio, dos vecinos y dos soldados ingleses, destinados a conservar el orden.

Ya el 29 de junio se comienza a trabajar por la liberación de Buenos Aires, se hace desde dentro. Los más serios y violentos son un grupo de catalanes que luego se les dirá la Junta catalana. Estos catalanes son los mas perjudicados por el gobierno ingles, ya que los españoles estaban bien con el comercio monopolista, y no con el mercado abierto que impuso el gobernado ingles. Se comienza a observar a los ingleses, estudiando sus movimientos y los lugares de sus guardias.

Solo tres días después de la toma de la ciudad comienzan a abrirse los cafés y las tiendas, y comienza a haber movimiento en la ex capital virreinal. El primero de julio se celebra una comida en la casa de Martín de Sarratea a la que son invitados los jefes ingleses, noticia que escándalo a la ciudad. Muchas familias invitan a los oficiales ingleses a las tertulias, estos participan, como si nada hubiera pasado, de la vida social porteña. La mayoría de los oficiales de Beresford han sido alojados en casas de familia, sin que se las hubiera obligado. El pueblo llano detesta a esta gente y los considera traidores, así será que luego de la reconquista muchos los quieren ajusticiar. "...parecía que teníamos en la ciudad algunos amigos ocultos, pues casi todas las tardes, después de oscurecer, uno o más ciudadanos criollos acudían a mi casa para hacer el ofrecimiento voluntario de su obediencia al gobierno británico [...] El número llego finalmente a cincuenta y ocho" dice el capitán ingles Gillespie. El día 3 de junio los ingleses comienzan a tomar juramento a todos los oficiales españoles ante el antes citado capitán que es comisario de prisioneros. El 7 de junio prestan juramento de fidelidad a Inglaterra las autoridades de Buenos Aires y a partir del 10 lo tenían que hacer los vecinos más importantes y principales de la ciudad. Manuel Belgrano huye de la ciudad hacia su campo en Uruguay, para evitar la jura de fidelidad, ya que él era secretario del Consulado, muchos siguen su ejemplo.

Casi todos querían sacarse de encima al gobierno inglés, mucha gente comenzó a organizar intentonas. Los catalanes mas arriba nombrados, al mando de Felipe de Sentenach, se reunieron una semana después de la conquista, para planear la reconquista, y predomino la idea de minar el Fuerte y el cuartel de la Ranchería y acampar en las inmediaciones de Buenos Aires con una fuerza de 1000 hombres voluntarios que invadirían la ciudad luego de la voladura de los bastiones ingleses. Otros planes mas improvisados e ingenuos se barajaron pero el primero predomino. Mas tarde se reúnen en la casa de Martín de Alzaga, donde debaten como reclutar a la gente. Pasan los días y los catalanes siguen con su emprendimiento, sin que los ingleses se enteren. Habían quienes querían sorprender a los ingleses y degollarlos. Estos liderados por Juan Trigo y Juan Vazquez Feyjoo son invitados a unirse a los catalanes, mas que nada para que no se delaten por tanta imprudencia. Se reunían dinero y armas en casas particulares, en los almacenes y barracas. Para poder cavar la mina debajo del Cuartel de la Ranchería los catalanes alquilan una casa cercana donde se ubica la boca del túnel. Se dice que el mismo Sentenach entro disfrazado en el cuartel de la Ranchería para estudiar la disposición y ubicación de los dormitorios de la tropa inglesa.

Estos mismo catalanes se comunican con el gobernador de Montevideo, y este les responde el 18 de julio que ya ha tomado las prevenciones necesarias para la reconquista de la ciudad y que dispone de mil hombres, 12 lanchas cañoneras y cinco goletas. La tropa será embarcada en Colonia y desembarcara en Olivos, aunque luego tendrá que desembarcar en el Tigre.

En la noche del 21 de julio llego a San Isidro Juan Martín de Pueyredón y otros. Llegan con las ordenes del gobernador de Montevideo de reclutar voluntarios de la campaña de Buenos Aires y estar listos para apoyar a la expedición de auxilio que llegara de Uruguay. Establece su campamento en la villa de Luján, sin recatarse de sus acciones que ya son conocidas por los ingleses a través de sus espías.

Los ingleses, mientras tanto, imaginan algo y ponen centinelas en muchas esquinas de la ciudad. Además, para impresionar a los ciudadanos, intensifican el trabajo constante a que someten a la tropa, maniobras en la Plaza o por la ciudad, todo dando grandes griteríos al son de las gaitas. Tienen muchos espías y soplones.

Ya el 23 de julio los catalanes envían a todos los voluntarios a una chacra que habían alquilado a la sazón, que se llama de Perdriel. El 29 reciben un requerimiento de Liniers, que estaba al mando de las tropas de Montevideo, de que reúnan fuerzas para su desembarco inminente, pues ya estaba en Colonia listo para cruzar el río. Esto no les cayo nada bien a los catalanes, ya que frustraba sus sueños y esperanzas, arrebatándoles los laureles merecidos. Hoy todos saben quien reconquistó la ciudad, Liniers, pero de los catalanes nadie se acuerda. El 2 de agosto le piden a Liniers que detenga su marcha en Colonia hasta que ellos estén listos para la acción: volar el fuerte y el cuartel. Temían que Liniers se llevara toda la gloria.

Santiago de Liniers

El 2 de agosto los ingleses atacan a Pueyrredón y a los voluntarios reclutados por los catalanes en Perdriel, dispersándolos a los cuatro vientos. Si bien lucharon con coraje y valentía, la mayoría estaban muy mal armados. Por estos días se sabe que el Virrey Sobremonte, que esta en Córdoba, se prepara para marchar sobre Buenos Aires, un poco tarde.

El 6 de agosto Liniers desembarca en el Tigre con mas de 1000 hombres y artillería. Dos días antes, el gobernador ingles, Beresford, manifiesta que ha concluido el nefasto sistema del monopolio y que la población podrá gozar de los beneficios de las producciones de otros países. Pero los días en que Buenos Aires formó parte del imperio Británico llegan a su fin.

En la tarde del 12 de agosto de 1806 los ingleses, ahora acantonados en el fuerte, se rinden ante las fuerzas de Liniers y la increíble cantidad de voluntarios que llenaron la Plaza pidiendo las cabezas de los ingleses. Los ingleses se defendieron duramente, cada calle cada esquina, muchos cuerpos quedaron en las calles porteñas como saldo.


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