HISTORIA DEL ANTIGUO EGIPTO
Aportado por Andrés Loréfice
La civilización egipcia, quizás la primera armónicamente desarrollada, con una larga proyección cultural, entre las antiguas sociedades humanas, se caracterizo por una filosofía y una organización política que experimentaron pocas variaciones a lo largo de los siglos y milenios en donde todo parecía ordenado y lógico y se aceptaba con una sumisión tal que no deja de sorprender en nuestros días. Durante mas de tres mil años, treinta y una dinastías, esplendores y decadencias, caídas y renacimientos y pese a sus fallos y limitaciones, aquella compacta y dócil sociedad agrícola, regida por el Faraón, su "Dios viviente", fue capaz de grandes obras que todavía producen asombro y admiración y cuya realización pondría en apuros a cualquier estado moderno.
Egipto nace rodeado por una naturaleza contradictoria, en la que un oasis de varios cientos de kilómetros de longitud aparece flanqueado a uno y otro lado por desierto; el egipcio podía aquilatar mejor que nadie el valor intrínseco de la vida y sus alegrías. Poseedor de un alto nivel cultural pudo despreocuparse en una mayor medida de otros pueblos en la embrutecedora lucha cotidiana por ganarse el sustento. Y bajo el sol ardiente su espíritu se desarrollo por los causes de la amabilidad y la sencillez, lejos de las complicaciones mentales de otros pueblos condicionados por climas más severos. Pese a los muchos y notables avances realizados en los últimos decenios, aun nos encontramos ante una historia no del todo conocida, basada en restos arqueológicos y en testimonios no siempre exactos de historiadores tardíos. Por si las habituales lagunas que presenta el estudio de cualquier civilización antigua fueran pocas, se añaden los inconvenientes de luchar con una lengua muerta y la falta de datación exacta, ya que los antiguos "nilotas" no registraban el paso de los años de manera continua e ininterrumpida, lo que a generado diferencias y discusiones entre los historiadores que en ocasiones representan muchos años. Apegados a sus tradiciones, tomaron poca cosa de lo mucho que les llegaba del exterior, su cultura se estanco y al estancarse comenzó un declive imparable. De cuando en cuando se pretendía reaccionar volviendo a formulas arcaicas y faltos de los necesarios estímulos sufrieron de pueblos como los Hicsos o los llamados "pueblos del mar", entre otros, inferiores en cultura pero abiertos a vivificantes impulsos e incitaciones.Finalmente la cultura Faraónica se agoto pese a las palabras del historiador Friedell: "Cuando una cultura permanece fiel a sí misma, llega a formas de expresión absolutamente únicas en el lenguaje, el arte, la técnica y la forma de ver el mundo".
Sin embargo, y pese a haber alcanzado tan altas cimas culturales, el Egipto faraónico como si de la vida de un ser humano se tratara, murió por cansancio, agotamiento y falta de voluntad para vivir, para no volver a levantar cabeza jamás. Pero conserva vivo el espíritu en sus obras. Es un ZEITLOSE KUNST (arte sin temporalidad) como dicen los alemanes. Tal vez, por este y otros motivos, la civilización del antiguo Egipto, aún hoy, sigue provocando desconcierto y asombro. Los antiguos nilotas fueron un pueblo tan peculiar como fascinante. El estudio de su historia, religión, arte, tecnología, filosofía, logros intelectuales, usos y costumbres, evidencia que se trata de un pueblo practico, dotadas de gran sentido del humor, que rehuían de las complicaciones y dotadas de ansias de vivir y de alcanzar la felicidad, pese a la estructura de aquella sociedad. Se permitieron bromear, los que trabajaban en una importante obra, cierto día en que el Faraón acudía a visitar su futura "mansión para la enternidad"; unos hablaban de la relativa sobriedad y otros del estado de embriaguez inicial. Finalmente, debió imponerse el parecer de los segundos y alguien grabó furtivamente en la roca del muro de la tumba: "¡ Vaya lo que ha bebido el faraón !". Se permitían hacer chistes a su costa, pero hubieran dado cualquier cosa para que les fuera concedido inclinarse ante él y besar sus pies. Además ¿quien iba a reprocharle al "Dios viviente" si se excedía un poco en la bebida?. La mayor parte de los súbditos gustaba de hacerlo de cuando en cuando, de la misma manera que les placía la música, la buena mesa, las mujeres, los juegos, la caza, la pesca, las narraciones y demás entretenimientos. Pero el divino poder de monarca, "Dios viviente", hoy Horus y futuro Osiris, cedía o fingía hacerlo cuando los artesanos y demás trabajadores de la necrópolis del Valle de los Reyes se entregaba a la agitación social. Ramsés II - un notable megalómano - hubo de adularles, al fin y al cabo, y la política viene demostrándolo desde entonces, las buenas palabras y las promesas, sobre todo las que no piensan cumplirse, cuestan muy poco. "Vuestra alimentación , les decía, será abundante, pues yo conozco vuestro trabajo, verdaderamente duro, en el que el trabajador solo se regocija, cuando tiene el estomago lleno". Lo cierto es que gracias a trucos como este, Ramsés II evitó las numerosas huelgas de trabajadores, que se produjeron en los anteriores y posteriores reinados.
En ocasiones cuando se producían crisis politico-economicas el poder real decaía y la administración era incapaz de hacer frente al caos, al hambre y al desempleo. Surgían entonces bandas de audaces desaprensivos que buscaban el rápido enriquecimiento saqueando las tumbas reales. En tiempos de Ramsés IX (unos 1.500 años a.C. ) se celebró un proceso judicial cuyos atestados, en parte al menos, han llegado hasta nosotros como testimonio de la corrupción que afectaba a determinadas clases sociales. El gobernador de Tebas, Paser, al tener noticias de la profanación de un tumba real y la de varios particulares ricos, dispuso las pertinentes investigaciones que producen la detención y el proceso de los posibles culpables. Sin embargo, no puede decidirse si la operación policial, fuera un éxito; el propio Paser reconoce que algunos personajes influyentes, sin cuya complicidad hubiera sido imposible el desafuero, han quedado libres; se envenena el asunto, se reanudan los procesos y esta vez la justicia absuelve a los presuntos ladrones. Persuadidos estos de su impunidad, despojan varias tumbas reales, con creciente desfachatez. Nuevamente actúa la justicia y se juzga a los supuestos ladrones; finalmente son condenados con gran rigor algunos obreros y funcionarios subalternos; pero los verdaderos culpables, los sacerdotes y los potentados, no sufren castigo alguno. Definitivamente, ¡ los antiguos egipcios no son tan diferentes a los hombres de hoy!.
Extraido del libro "Historia del Antiguo Egipto" de Martin Walker.