Fenómenos Extraños
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PIRÓMANO PINTADO
Niño llorando, un cuadro muy popular que se vende en las tiendas inglesas, representa a un niño de rostro angelical con una lágrima que corre por su redonda mejilla rosada. Sin embargo, el retrato puede no ser tan inocente como aparenta el niño, según la opinión de un bombero jubilado de Yorkshire, Inglaterra.
La primera vez que Alan Wilkininson tuvo la impresión de que había algo curioso en ese cuadro fue cuando lo encontraron, intacto, entre los escombros de una casa totalmente destruida por un incendio.
Durante los años que siguieron, Wilkinson, logró recopilar 50 relatos similares, sólo en Yorkshire. Un caso típico ocurrió en una casa derruida casi por completo por el fuego. Los cuadros de todas las habitaciones quedaron destruidos por la llamas y Niño llorando fue hallado sin nisiquiera una mancha.
Como la historia de Niño llorando fue divulgada por la prensa local, se llegó a decir que el cuadro era el verdadero responsable de los incendios ocurridos. Algunas personas que poseían dicho cuadro, convencidas de que estaba embrujado, lo retiraron de sus casa.
Una mujer le llevó su reproducción directamente a Wilkinson para que él se la destruyera. Wilkinson lo dejó en la central de bomberos y ese mismo día un horno en la cocina se recalentó, quemando la cocina de los bomberos.
EL BANSHEE DEL CONDADO DE MONAGHAN
Los banshees gaélicos son una especie de espíritus de lo más benévolos. Estos espíritus femeninos guardianes se apegan a una persona o familia para toda la vida y predicen su inminente muerte por medio de chillidos y gemidos.
Uno de los más conocidos fue el Banshee de los Rossmore del Condado de Monaghan, Irlanda. Su grito se oyó por primera vez en 1801, a la muerte del general Robert Cunningham, el primer barón Rossmore.
Una noche, durante su estancia en la residencia de Cunningham, Sir Jonah y Lady Barrington se retiraron pronto a sus habitaciones, con el propósito de levantarse temprano por la mañana.
Pero hacia las dos de la madrugada se despertaron a causa de un aullido penetrante. La voz empezó a gritar con claridad repetidas veces al nombre de Rossmore hasta extinguirse al cabo de media hora, momento en el cual Sir Jonah y Lady Barrington volvieron a dormirse aún desconcertados y turbados.
Más tarde, al levantarse, advirtieron que su anfitrión había muerto hacia las dos y media de la madrugada, mientras dormía.
DESVANECIDOS EN EL AIRE
Una cosa es desaparecer sin dejar RASTRO, pero hacerlo a la vista de testigos es extraño por decir lo menos posible. Incluso así, eso fue exactamente lo que le ocurrió a Orion Williamson, en julio de 1854, ante los ojos de su propia mujer, de su hija y dos vecinos, en Sema, Alabama. En un momento dado, el hombre caminaba por sus pastos; al siguiente había desaparecido. De la búsqueda que siguió, en la cual participaron incluso perros sabuesos, no resultó ningún indicio: ni hoyos ocultos ni el menor indicio de Williamson.
Otro incidente similar ocurrió en Gallatin, Tennesse, en septiembre de 1880, cuando el hacendado David Lang salió a recorrer sus campos a la vista de su mujer, y simplemente se desvaneció en el aire. Esta desaparición también fue presenciada por un juez local, August Peck y su cuñado, quienes acababan de llegar a la finca de Lang y lo habían saludado momentos antes por medio de señas.
Las pruebas misteriosas de otros casos similares incluyen pisadas que llegaban hasta cierto punto y de repente se detienen. Por ejemplo, una noche de noviembre de 1878, un joven de dieciséis años, Charles Ashmore, de Quincy, Indiana, fue a buscar agua por encargo y nunca más volvió. Cuando más tarde salieron a buscarlo, su padre y hermana encontraron sus huellas marcadas en el suelo húmedo y las siguieron, pero de pronto se acabaron, antes de llegar a la mitad del camino hacia la fuente.
En dos casos, también relacionados con fuentes y que coinciden misteriosamente entre sí, dos niños de once años, ambos llamados Oliver, desaparecieron en Nochebuena, solo que con diez años de diferencia y en distintos continentes.
Oliver Larch desapareció en 1889 en el camino de la fuente de la
residencia familiar en Sout Bend, Indiana.
Oliver Thomas, de Rhayder, País de Gales, parece haber sido víctima
de las fuerzas misteriosas en 1909. Su familia oyó sus gritos desesperados:
-¡Socorro! ¡Me han agarrado!
Pero cuando salieron, el niño no estaba por ninguna parte. Siguieron sus pisadas hasta que acababan abruptamente a medio camino de la fuente.
EL PULPO GIGANTE DE TENERIFE
El tiempo era magnífico y , a pesar de que había un silencioso oleaje, el océano se hallaba en calma a muchos kilómetros alrededor. Por la tanto, cuando los tripulantes del buque francés Alecton vieron por primera vez a la monstruosa criatura del mar el 30 de noviembre de 1861, estaban seguros de que no se trataba ni de una ola ni de una roca.
Como relataron después, lo que habían visto era un pulpo gigante cuya existencia se había discutido durante mucho tiempo. Avistado desde el Alecton en el trayecto de Cádiz, España, a Tenerife, el pulpo gigante medía aproximadamente unos 6m de longitud, tenía 8 patas y una enorme cola. El comandante del Alecton, el teniente Bouyer, lo describió como "espantoso, de un color rojo ladrillo, viscoso e informe, de aspecto repulsivo y terrible".
Con todo, el comandante salió a la captura de la bestia, pero con los movimientos de buque les era imposible a los tripulantes disparar contra él. cuando lograron al final arponearlo e incluso enlazarle la cola, se dieron cuenta de que la criatura era más fuerte de lo que imaginaban.
Agitando sus tentáculos y levantando la cabeza, que tenía un curioso pico como el de un loro, el gigantesco pulpo se liberó de las cuerdas, dejando detrás de sí un trozo de 20 kg. de su cola.
EL GRAN CREADOR DE FANTASMAS
John Henry Pepper fue un químico analítico que, en 1852, llegó a director del Real Instituto Politécnico de Londres. Pero en la Inglaterra victoriana, igualmente fascinada por el espiritismo que por la ciencia, Pepper fue también conocido como el creador del Espectáculo de los Fantasmas.
Este número deleitó a sus auditorios, al presentar una serie de imágenes fantasmales, en conjunción en el escenario con personajes de carne y hueso. El "fantasma" era en realidad un actor que se encontraba debajo del escenario. Desde su oculta posición, un proyeccionista iluminaba al actor, reflejando su imagen desde un espejo a una gran lámina de cristal, también fuera del campo visual de los espectadores. lo que aparecía en el escenario eran etéreas apariciones que parecían amenazar tanto a los actores como al público.
Famoso como preeminente organizador de espectáculos científicos, tanto en Australia, Canadá y estados Unidos, como su Gran Bretaña natal, Pepper nunca alegó que sus fantasmas fueran otra cosa que ilusiones, algo en claro contraste con la práctica común y fraudulenta en la época de presentar a los fantasmas como entes que podían ser convocados por aquellos que sabían como llamarlos.