La sombra de homosexualidad sobre Manuel Belgrano

Por Martín A. Cagliani

La historia y el tiempo se encargaron de poner una sombra sobre Belgrano: su supuesta homo sexualidad. Quien no penso eso cuando le hacían estudiar historia en el colegio, al verlo con sus calzas apretaditas. Pero nada mejor para desmentir eso y quitar esa sombra sobre Manuel Belgrano que lo expuesto a continuación.

Un 3 de junio en el año 1770, en la ciudad de Buenos Aires, nace Manuel Joaquín del Corazón de Jesús Belgrano. Hijo de una familia acaudalada, su padre era comerciante, estudia en Salamanca y en Valladolid, España. Secretario perpetuo del Real Consulado de Buenos Aires. Periodista, creador del "Correo de Comercio". Participa en la defensa contra las Invasiones Inglesas en 1806 y 1807. Fue secretario de la Primera Junta de gobierno, en 1810, y luego jefe de la expedición al Paraguay, en la cual fracasa. En 1812 crea la bandera argentina y la enarbola por primera vez. Suplantado por San martín en el Ejercito del Norte, parte a Londres en misión diplomática, juntamente con Bernardino Rivadavia. Finalmente en 1816 vuelve a comandar el Ejercito del Norte.

Como esbozamos mas arriba, siempre se trato a Manuel Belgrano de afeminado, sino homosexual. Suposición que no podría estar mas lejos de la verdad. Belgrano tubo muchas mujeres en su vida, en España durante su juventud y en la alta sociedad del Buenos Ares colonial. Si bien luego se dedica a la emancipación del país con mucho entusiasmo, no le impidió seguir teniendo muchas amigas.

El rumor que todavía vive de que Belgrano era afeminado se creo a partir de su carácter demasiado amable, sensible, fino y delicado; contando también la voz aflautada, por no decir de pito. A raíz de esta voz, se creo una enemistad con Manuel Dorrego. En una ocasión San Martín trataba de ilustrar a los oficiales, repitiendo una voz de mando que comenzaba con San Martín y seguía con Belgrano, que era el segundo en autoridad. San Martín dijo: Batallón... March... Después de San Martín, siguió Belgrano. Pero su débil voz le causó gracia a Dorrego que soltó una carcajada como si hubiera escuchado el mejor chiste. San Martín se enojó mucho y le dijo: Señor coronel: hemos venido aquí a uniformar las voces de mando. Dijo y reiteró la orden. Belgrano repitió con la misma voz, ya que no tenia otra, Dorrego volvió a reírse a carcajadas, San Martín se enfureció. A los pocos días San Martín desterró a Dorrego a Santiago del Estero.

Otro factor fue su profunda fe católica, que lo llevo a impartir impone una disciplina espartana, se acaban los bailes, las mujeres y la baraja, a su tropa en 1818 cuando cuidaba la retaguardia de Güemes en Tucumán. Por las noches recorre las calles con un ordenanza e irrumpe disfrazado en los cuarteles para sorprender a los oficiales desobedientes. Lo llamaban despectivamente Bomberito de la Patria. Mitre le reprocha la disciplina monástica, excesiva que imponía a su tropa. Habían practicas religiosas continuas, y ejercía una severidad extrema, aun respecto de la vida privada de los oficiales. A Belgrano lo guiaba en esta manera de proceder no solo su gran catolicismo, sin también el espectáculo desagradable que le habían dado sus oficiales y los capellanes del ejercito. Estos mismos andaban con muchas mujeres, y los oficiales también. Esto a Belgrano no le gustó nada. Por culpa de estas convicciones tubo una pelea con su amigo Martín Miguel de Güemes, que era un mujeriego empedernido, hasta salía con mujeres casadas. Pero lo que más molesto a Belgrano, un hombre de honor a toda prueba, fue que Güemes vivía con Juana Inguanso de Mella sin estar casado, un mal ejemplo para la tropa. El honor en esa época todavía significaba algo, y tenia que ser respetado.

Todos estos comportamientos no le ayudaron mucho a Belgrano, lo tildaron enseguida de afeminado, nadie, sino la historia, iba a conocer sus aventuras con diversas mujeres, una de ellas casada.

Dijo un historiador: Belgrano, debido a su rango, puedo haber elegido esposa en los lugares más destacados, Buenos Aires, Córdoba, Salta, Jujuy, Santiago del Estero, de donde provenía su familia materna. Belgrano era delgado, de cutis blanco, pelo rubio y ojos azules. Era buen mozo, abogado, culto, había ocupado altos cargos, y estaba relacionado con todas las familias de la sociedad porteña. Sin embargo, nunca se casó.

Manuel Belgrano tubo muchas relaciones de alta sociedad, como lo fue María Josefa Ezcurra (1785-1856) hermana de la famosa Encarnación Ezcurra de Rosas, esposa de Juan Manuel de Rosas. De esta relación tubo un hijo ilegitimo, que fue adoptado y criado por Rosas, que se llamo Pedro Rosas y Belgrano.

Pero su más grande amor fue una niña de 15 años que conoció en Tucumán. Era María de los Dolores Helguero. Pasaron los años, y a mediados de 1816, Belgrano estaba nuevamente al mando del Ejercito del Norte. Vivía en La Ciudadela, próxima a la ciudad de Tucumán.

Dolores ya tenia 19 años, y era una hermosa tucumana de buena familia. El general, que tenia 46 años, se enamoró de ella, y fue correspondido en su amor. A lo largo de dos años no dejaron de verse, y fueron el comentario social. Como dice Fray Jacinto Carrasco: "Su conducta fue siempre clara y recta. Por eso, cuando vio que nacía en su corazón ese amor por la joven tucumana, y su conciencia no le permitía llegar a ella sino por el matrimonio, resolvió casarse con Dolores; y se hubiera casado, si la fatalidad no se hubiera interpuesto en el camino". En efecto, Belgrano recibió ordenes del gobierno de marchar rumbo al sur, finalizando 1818.

Pasaron los meses, y una tarde, estando acampado en Pilar, llegó un criado de los Helguero, Sanchu, trayendo una carta de Dolores; en ella le decía que hacia dos meses (el 4 de mayo de 1819), había nacido Manuela Mónica del Sagrado Corazón, agregando que por orden de sus padres, había tenido que casarse con un catamarqueño de apellido Rivas. Cuando Rondeau le autorizó dejar su cargo para poder atender su salud, que empeoraba cada día, partió rumbo a Tucumán, adonde llego en noviembre de 1819. Dolores, apenas enterada de la llegada del general, corrió a su lado, y junto a su hijita, se hizo más llevadero el sufrimiento por el que pasaba Belgrano. El marido de Dolores estaba desde tiempo atrás en Bolivia, y Belgrano mandaba continuamente a averiguar si todavía vivía, porque de lo contrario, él quería cumplir su promesa de casamiento con Dolores.

Debido a su enfermedad, partió a Buenos Aires en un viaje sin retorno. Dolores tenia entonces 23 años y su hija Manuela cumpliría un año. En el viaje lo acompañaban un medico, un capellán y el hermano de Dolores.

El 20 de junio de 1820 muere derrumbado por la sífilis y la hidropesía, pobre y abandonado por su patria. Solo un periódico de Buenos Aires, El Despertador Filantrópico, saco un artículo sobre la muerte del prócer, y muy escuetamente. Para colmo de males, 83 años después, cuando su cadáver es exhumado para ser trasladado al mausoleo en el que se encuentra hoy, los Ministros Joaquín V. González y el coronel Riccieri se robaron sus dientes. Uno de los únicos restos del prócer que no se habían transformado en polvo. Luego de las quejas de un periodista del diario La Prensa tuvieron que devolver los dientes del pobre y vapuleado Belgrano.


Martín

Volver a la Pagina Principal