¿Dónde está la Torre de Babel?
Entre el siglo XVI y los inicios del siglo XX, numerosos viajeros
y exploradores occidentales fueron a Mesopotamia y se esforzaron
en localizar el famoso edificio. Algunos propusieron ubicarla en
Afar Quf, al oeste de Bagdad, otros, en Borsippa, en las
proximidades de Babilonia. Sólo las excavaciones arqueológicas
permitirían establecer la verdad.
Las pruebas arqueológicas
En 1913, el arqueólogo alemán Robert Koldewey, descubrió
finalmente la ubicación de la torre. Su base es un cuadrilátero
de 91,55 m por lado. Su centro, que es la parte más antigua,
está formado por un núcleo de ladrillos crudos, cuya altura fue
aumentada en tiempos de Nabopolasar y Nabucodonosor y que fue
cubierto de un nuevo paramento de ladrillos cocidos. Las
excavaciones han dejado a la vista tres escaleras, dos laterales
y una central; esta última perpendicular a la estructura del
edificio.
El testimonio de los textos antiguos
Estas reseñas han sido apoyadas por textos antiguos, como el
relato de Heródoto y sobre todo la tablilla llamada "del
Esagil", conservada en París en el Museo del Louvre,
copiada en el año 229 antes de nuestra era de un documento
antiguo que describía el estado de la torre. De una altura de
aproximadamente 90 m, el edificio piramidal tenía siete pisos,
hechos de muros con resaltos, sin duda verticales. El último
piso tenía instalaciones para el culto, adornadas con ladrillos
esmaltados azules, imitando el color del cielo.
Un poco de historia
Definida como una escalera entre el cielo y la tierra, la Torre
de Babel figura en el texto del Génesis, donde se relata que los
hombres, reunidos en la llanura de Shinear, después del Diluvio,
resolvieron levantar una torre gigantesca. Dios (Yahvé), al ver
lo que intentaban, obstaculizó sus planes "confundiendo sus
lenguas" de modo que los obreros no pudieran entenderse
entre sí. Al quedar incapacitados de trabajar de común acuerdo,
los constructores abandonaron la empresa y se dispersaron en
diferentes direcciones. La torre inconclusa y la ciudad edificada
en torno a ella se llamaban Babel o Babilonia.
La leyenda de la confusión de las lenguas
La leyenda de la confusión de las lenguas tiene un origen
etimológico. El relator bíblico, que escribió posiblemente en
tiempos del cautiverio de los israelitas en Babilonia, interpreta
la palabra Babel en el sentido de "confusión", en este
caso confusión de lenguas. Del mismo modo, los griegos, que no
comprenden el lenguaje de los extranjeros y, en primer lugar de
los persas, adoptan más tarde la costumbre de designarlos con el
nombre peyorativo de "bárbaros". La repetición de la
sílaba "ba" simboliza la desorganización aparente de
los dialectos no griegos, cualesquiera que sean, con respecto a
la rigurosa organización de la lengua de Homero. Aún en
nuestros días, el lenguaje abundante y confuso de los niños se
denomina "balbuceo" y se califica como "bla
bla". Pero la leyenda del castigo divino de la
diversificación de las lenguas se inscribe igualmente en la
nostalgia de una época de oro donde todos hablaban un lenguaje
común que aseguraba la paz y la comprensión. Este sueño se
revela en el relato cristiano de la glosolalia y de Pentecostés:
San Pablo atribuye a los primeros cristianos la facultad de
expresarse en una lengua distinta de la que hablaban comúnmente
bajo el efecto de un trance místico, y los Hechos de los
Apóstoles evocan el milagro de la venida del Espíritu Santo en
forma de lenguas de fuego, que da a los discípulos de Cristo el
don de expresarse en lenguas o dialectos de otro modo
desconocidos por ellos.
"Que su cúspide se eleve hasta el cielo"
Pero la leyenda de la torre reposa sobre una realidad. Existía
en efecto en Babilonia una construcción de varios pisos, llamada
zigurat de acuerdo al vocablo babilónico, de origen desconocido
y que fue restaurada en tiempos de Nabopolasar (625-605 AC),
fundador de la dinastía caldea. Esta construcción se llamaba
Etmennanki, "la mansión de lo alto entre el cielo y la
tierra". Una inscripción que data del tiempo de Nabopolasar
señala: "Marduk (el gran dios de Babilonia) me ha ordenado
colocar sólidamente las bases de la Etmenanki hasta alcanzar el
mundo subterráneo y hacer de este modo que su cúspide llegue
hasta el cielo". En otra inscripción, de los tiempos de
Nabucodonosor, se precisa que la decoración de la cúspide
estaba hecha de "ladrillos de esmalte azul brillante, es
decir, adornada del color del cielo, perfectamente adaptado para
dar la impresión de que el edificio se perdía en el azul
infinito.
Un destino funesto
En el Génesis figura contrasentido cuando se dice que los
constructores tenían malas intenciones. Sin embargo, aunque así
hubiese sido, el relato bíblico mezcla además lo verdadero y lo
falso. Según la leyenda, pueblos de distintas procedencias, que
por lo tanto hablaban lenguas diferentes, trabajaron en la
construcción del edificio. En otra parte, la inscripción de
Nabucodonosor afirma. "A todos los pueblos de numerosas
naciones yo los obligué a trabajar". Pero esta diversidad
étnica no impidió el término de los trabajos. Sin embargo,
efectivamente que un destino funesto se ensañó con la torre.
Construida con esfuerzo, a lo largo de muchos reinados,
sobrevivió poco tiempo. Babilonia, que cayó en 539 bajo la
dominación persa, se rebeló en 482. Jerjes, que la puso
nuevamente bajo su autoridad, tomó represalias que causaron
serios daños al monumento. Un siglo y medio más tarde, en 331,
Alejandro el Grande estableció su capital en Babilonia, y cuando
vio la torre en ruinas, trató de restaurarla. Pero ello le
demandó tanto trabajo, que renunció a su proyecto. A
continuación, la torre sirvió de cantera a los constructores de
los alrededores, que la redujeron a un montículo informe. Sobre
ella se construyó un edificio y, cuando éste se desplomó,
cubrió las ruinas de la torre inicial, escondiéndola por muchos
siglos.