Antón de Alaminos, (1482-1520), marino español, grumete en el tercer y cuarto viaje de Cristóbal Colón y piloto en los realizados a México por Fernández de Córdoba, Grijalva y Hernán Cortés. Nació en Palos de Moguer y desde muy joven se sintió atraído por el mar. Tras haber participado en los referidos viajes colombinos, pasó algún tiempo en la isla Española y de allí se trasladó a Cuba. Hallándose en ésta fue como, en calidad ya de piloto, jugó papel importante en las tres expediciones que tuvieron como consecuencia el descubrimiento y la ulterior conquista de México.
Una vez que Cortés se estableció en Veracruz y erigió allí el primer ayuntamiento que le confería plena autoridad, con independencia del gobernador de Cuba, Diego Velázquez, decidió el conquistador informar al emperador Carlos V (I de España). Dispuso así en julio de 1519 el envío de dos procuradores suyos que llevaran la llamada Carta del Cabildo, así como ricos presentes para el soberano y algunos regalos para don Martín, su propio padre. Teniendo como piloto a Antón de Alaminos, partieron como procuradores, Francisco de Montejo y Alonso Hernández Portocarrero.
Alaminos descubrió en ese viaje la corriente del golfo de México. Aunque tenía instrucciones de no acercarse a la isla de Cuba, Montejo persuadió a Alaminos de que hiciera un alto en el lugar conocido como Marién, donde él tenía una estancia pretextando que allí había de surtirse de provisiones. Diego Velázquez, que recibió de Montejo información acerca de esto, envió dos navíos ligeros para detener a la embarcación piloteada por Alaminos. Ésta logró escapar y llegó a Sanlúcar de Barrameda en octubre de 1519. El capellán de Diego Velázquez, Benito Martín, que se hallaba por ese tiempo en Sevilla, al conocer el arrivo de los procuradores de Cortés, logró que la Casa de Contratación los apresara y confiscara los presentes que enviaba el conquistador a Carlos V y a su padre. Hernández Portocarrero murió en prisión, en tanto que Francisco de Montejo regresó algún tiempo después a la Nueva España. Antón de Alaminos, según parece, murió poco tiempo después en España.